Hat-trick de Cristiano y dobletes de Bale y Benzema en triunfo merengue

CR7Había noticias de la calidad de Bale, pero quedaba por confirmar si además de talento el chico tenía ángel. Ayer supimos que le acompaña un coro de gorditos trompetistas alados. En su estreno como titular en el Bernabéu, el galés marcó dos goles y dio dos asistencias. Hasta fingió primorosamente un penalti. Su papel fue determinante en el festival madridista, que incluyó además un hat-trick de Cristiano y un doblete de Benzema.

Los siete goles del Madrid no fueron la única proeza del partido: el Sevilla batió el récord de resurrecciones sobre un ring de boxeo o un estadio de fútbol. Casi para cada golpe tuvo una reacción; hasta que Rakitic falló un penalti (el 6-4) y el sueño se convirtió en áspera realidad.

Aunque desconcertante a ratos, el partido acabó como se inició: hermosamente. La primera media hora del Madrid, ahora lejana, fue excelente. De su fútbol salía música. Había alegría, dinamismo, orden y concierto. Illarramendi ponía la velocidad sin correr un metro; sólo haciendo girar la pelota. Podría pensarse que el chico es un crupier porque juega sin apostar nada; pero es clave en la organización del casino. La elegancia, lo recuerdo, es el esfuerzo sin crispación.

Todo funcionaba. Cristiano y Bale abrían el horizonte e Isco conectaba entre líneas como la operadora de una centralita: un momento, le paso. Y algo más: Benzema se había calzado los zapatos de bailar. Así dispuesto, el Madrid era más alto, más fuerte, más rápido y mucho más equipo que el Sevilla. La prueba es que a los tres minutos ya pudo marcar Isco, protagonista final de una estupenda triangulación.

En ese inicio Cristiano buscó varias veces el desmarque de Bale, lo que nos confirmó la buena relación entre ambos. Al rato supimos que el grupo de amigos es más grande. Benzema controló dentro del área y esperó a divisar a su nuevo compañero para ofrecerle el balón como si fuera una bandeja de fruta. El zurdazo del galés fue el mejor modo de agradecer el regalo. El disparo, tan espléndido como original, nos presentó ese particular modo de golpear el balón envolviendo la pelota, al estilo de los raquetazos de Nadal.

El Sevilla lo pasó mal, mucho, pero hay que decir en su favor que cada vez que asomó la cabeza aprovechó para dar un mordisco. Nada le afligía por completo. Ni siquiera el segundo gol de Bale, un lanzamiento de falta que tocó en la mano de Alberto Moreno antes de acabar dentro de la red. También se repuso del dudosísimo penalti de Fernando Navarro a Isco, transformado por Cristiano. En este caso, lo mejor del gol fue el modo de celebrarlo: saludo militar al presidente de Chiquitistán.

Con 3-0 otro enemigo hubiera pedido parlamentar. Sin embargo, el Sevilla marcó dos goles. El primero gracias a un penalti señalado por Vitienes, que estaba facilón. Después del gol de Rakitic llegó el de Bacca, en esta ocasión para culminar una cabalgada de Vitolo y una sutileza de Jairo. Arbeloa, vencido en la carrera, fue abucheado por el Bernabéu.

La segunda mitad prosiguió con el mismo frenesí. En el minuto 52 pasamos del empate de Jairo (evitado por Diego López) al 4-2, obra maestra de Benzema en colaboración con Bale, que también asiste con la diestra. Con esa misma pierna encontró a Cristiano poco más tarde: 5-2. La montaña rusa no se detuvo. Del penalti fingido por Bale nos trasladamos sin transición al exquisito gol de Rakitic, otro homenaje a las piernas zurdas (5-3). Del paradón de Diego López a Gameiro viajamos al tercero de Cristiano: un tirazo que rebotó mortalmente en Pareja (6-3). Del penalti fallado por Rakitic (otra invención arbitral) llegamos al cierre de Benzema, un cabezazo de manual a centro de Marcelo.

No hubo más, porque no cupo más. El Madrid ha encontrado el fútbol, o el ángel, o la química. O quizá sea más fácil: por fin ha descubierto a Bale.

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