Testimonios a pie de surco: Sesenta mayos en la piel, cultivando un sueño

Después de un par de horas de viaje, por la vía más larga en carretera, finalmente llegamos a su encuentro. Hacía muchos kilómetros que habían quedado atrás las estampas citadinas con que suele amanecer La Habana y, camino a aquella dirección en Artemisa, se nos agolpaban —en la alegría— los paisajes que el confinamiento nos aplazara durante más de un año.

Le encontramos en medio de lo que le es cotidiano: la tierra de un rojo fértil, el olor a campo, el sol curtiendo la piel y el ajetreo que ha desconocido la pausa actual de los hogares, aunque sí se ha debido llevar las mascarillas al surco. Solo las mascarillas, que a veces cuesta mantener bajo el calor irresistible, delatan allí a una pandemia.

Nos recibió como ahí se vive: con la familiaridad de quien te conoce de toda una vida y esa espontaneidad que le descubre las raíces. Antes de ayudarnos a recorrer la cooperativa, tierra adentro, se permite un rato con Cubadebate bajo la hospitalidad de una sombra.

La Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Amistad Cuba-México no es un simple centro de trabajo para Fernando Ravelo Jaime. Por eso disfruta ese tiempo y el brillo, a flor de ojos, con que nos habla de ella. Después de todo, es el sueño que ha cultivado por 32 años y presidido por 23, en los casi 40 de fundada esa forma productiva de vanguardia en Alquízar.

Y entonces, accede a contarnos la vida en el lapso que alcanza a resumirla una entrevista… Una entrevista que ve la luz hoy, en un día que resume muchos simbolismos para nuestro campesinado: en igual fecha de 1946 fue asesinado el líder Niceto Pérez; el 17 de mayo de 1959 se firmó la primera Ley de Reforma Agraria y dos calendarios después nacía la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP). Resulta, además, el Día del Campesino Cubano.

El niño que descubrió la semilla de una utopía y la hizo posible

El campo no era el paisaje exótico ocasional para ese niño, ni la aventura de fin de semana o el regalo de las vacaciones. Era el privilegio con que amanecía todos los días y la certeza con que se iba, cada noche, a la cama.

Buen hijo de campesinos, fue quizás un día de esos de mucho verde y vida por doquier, cuando descubrió la semilla que dibujaba una especie de utopía y que, ya de grande, se le presentaría más realizable: la virtud de servir y cambiar vidas con sus propias manos.

De tanto oficio aprendido de cerca en el arte de sembrar, sus manos fueron labrando solas el camino para realizar el proyecto.

Aunque después de crecer en edad y en sueño, ya con sus 16 años llevándolo de camino al servicio militar, aquella certeza se le mostraría de diversas maneras. Tras cumplir con el deber de joven cubano, y el uniforme verde olivo ajustando el cuerpo y disciplinando el carácter, se hizo oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR)… De ahí se repartió mil experiencias que lo conectaron más con el niño y la utopía que, después de tantos aguaceros, le seguía desafiando en algún rincón de la infancia.

“Luego fui seleccionado para ser profesor de Cátedras Militares en preuniversitarios en el campo y llegué a ser jefe de Cátedra en la antigua provincia de La Habana. De las aulas pasé, años más tarde, a esta cooperativa, a la cual le he dedicado la mitad de mi vida”. Así confiesa Fernando, como si quisiera abarcar con un solo golpe de vista —ahora desde el jeep que nos conducirá en breve a las naves— las 246 hectáreas de la Amistad Cuba-México.

Quien nos habla, apenas da espacio para los muchos méritos que le cuelgan del alma, prefiere no pregonarlos. Para él vale más cualquier logro cuyo crédito sea escrito a muchas manos. Por eso los honores se tornan mayúsculos cuando nacen de la nobleza: merecedor de la Medalla Antero Regalado, de la Distinción Romárico Cordero, la Orden 17 de Mayo, los sellos 50 aniversario y José Ramírez Cruz, Vanguardia Nacional por varios años consecutivos, entre otros tantos lauros… El único campesino que representó a Cuba en la apertura de nuestra Embajada en los Estados Unidos; y el único también en el Foro Mundial del Agua en Brasil, donde debió enfrentar, sin papel alguno mediante, el micrófono ante un quorum de 5 000 personas.

E incluso después de ello, justifica por qué prefiere no hablar de un reconocimiento personal: “No son resultados de mi vida en particular; es el trabajo de la cooperativa en su conjunto, de un colectivo. Les pertenecen a quienes han estado al lado mío luchando y echándola adelante”.

Radiografiar un proyecto: Del plan a la cosecha, “el corazón de la comunidad”

La CPA Amistad Cuba-México es “fundamentalmente de cultivos varios, pero además producimos carne porcina, de aves y ovino-caprina. Se fundó el 27 de septiembre de 1981”, comenta Ravelo Jaime.

Durante 15 años consecutivos se cosecha allí, también, el orgullo que impulsa a nuevas entregas: el de ser su colectivo Vanguardia Nacional, a fuerza de los méritos cosechados, entre un sol y otro, por muchos años.

Dentro de los 167 socios, hay 15 rostros de mujeres, quienes tampoco se conciben fuera de aquellos terrenos rojizos que son su casa. Por ello mientras Fernando se detiene a asistir en algunas labores, nos permitimos un paréntesis con uno de esos rostros de mujer en las áreas de la CPA.

Leticia Pérez Alarcón es, sin duda, de esos seres que les imprimen dulzura a la dureza de las labores; que hacen que trabajar en estas labores sea lo más fácil del mundo. “Hace 15 años que trabajo aquí y ahora me han confiado a atender el módulo pecuario. ¿La atención a la mujer?” Muy buena, no cabe queja ninguna, solo las gracias, acuña resueltamente.

Se detiene Leticia en los ejemplos que hablan de respeto y de sensibilidad; esos gestos que hacen a una mujer dulce y fuerte a la vez, como ella, no poder hallarse fuera de estas naves que le absorben los días. Y antes de incorporarse a alimentar a los animales nuevamente, nos revela el secreto que hace que el suyo parezca un oficio sencillo: “Todo lo que se haga en la agricultura tiene que ser con amor, esa es la clave de los buenos resultados”.

A escasos metros está Osvaldo Capote Pérez, cooperativista con dos décadas dejadas sobre la piel de esos sembrados y naves. Nos cuenta de cómo llegó a estas tierras hace 20 años y de cuánto han representado en su vida de agricultor.

La razón de ser de la cooperativa, para él, radica en la misma esencia desde la cual le han echado ganas a los planes cada vez que se le enfrentan al campo: “Producir, con calidad y eficiencia, alimentos para nuestro pueblo”. No es una frase más, por común y manida que suene. Aquí, a cada palabra, la avala un buen resultado. “Unir fuerzas”, dice, es la convocatoria que debe primar en el campesinado, y no solo un día de aniversario. Es, en su opinión, la mejor manera de agradecer toda la historia y de celebrarla.  

Ya de vuelta, el presidente de la cooperativa retoma el recorrido. De las 246 hectáreas de que dispone la CPA, continúa explicando, 226 son cultivables y están en su totalidad bajo riego electrificado. 

¿El 2020? “El año 2020 fue un año de los más difíciles, donde los recursos que eran prácticamente al 20%, en muchas ocasiones no llegaban a tiempo para el cultivo. Eso trajo afectación en los rendimientos, sobre todo en los renglones fundamentales como la papa, que apenas llegó a 19 toneladas de las 22 planificadas. A pesar de eso fue un rendimiento por encima de la media nacional”, valora.

Los problemas que hay en la agricultura no tienen nada que ver con la Tarea Ordenamiento, los problemas que hay en la agricultura se vienen creando desde hace dos o tres años ya, a partir de la escasez de recursos, del paquete tecnológico, y del arrecio del bloqueo”, subraya.

Y agrega: “Ahí nos dimos a la tarea de incrementar el trabajo con los medios biológicos, las materias orgánicas y todas las iniciativas que pudimos desarrollar en las cooperativas y que ayudaron a lograr mejores producciones. Hemos trabajado mucho y ya hoy nos está dando los frutos que se ven en los rendimientos por encima de lo planificado; lo que el año pasado nos dio pérdidas, este año nos está dando bastante margen de ganancia y rendimientos incluso por encima de lo planificado”.

“Tenemos un plan de producción de 2 300 toneladas para este año. El plan está contratado y, hasta la fecha, se ha cumplido al 138%. Pensamos que la cooperativa no tenga dificultades para cumplir su contrato del año con las producciones que han sido fuertes en sus rendimientos”, comenta. “Aún en las circunstancias que tenemos, con poco paquete tecnológico, en la cooperativa el boniato nos está rindiendo por encima de las toneladas previstas por hectárea”.

Una de las alegrías por estos lares occidentales es que, en esas áreas de la Cuba- México, se cosechan de las mejores papas del país. De hecho, esta fue la mejor cooperativa de la provincia Artemisa y una de las mejores de la Isla, con semilla nacional que rindió 26 toneladas por hectárea.

“Nuestra cooperativa está diversificando la producción y busca obtener aún mejores rendimientos”, asegura Fernando. Reto que mueve a los hombres y mujeres del campo en toda la geografía cubana porque es un tema de alta sensibilidad y la alimentación es desvelo prioritario que preocupa todos los días y a todas las familias.

Entre las acciones incentivadas, en este sentido, está el fomento de la siembra de arroz, que en un primer momento mantener el comedor y el consumo familiar de los asociados, para luego aportar a mayor escala.

Recorriendo las naves nos habla de “los cerdos blancos” que cambiaron por los de capa oscura (o criollos): “ya tenemos alrededor de 30 animales de este tipo de raza, junto a tres sementales y 16 reproductoras que están sumando ya 63 crías, lo cual nos va a dar la posibilidad de vender carne en el asentamiento donde estamos enclavados y beneficiar igualmente la alimentación en el comedor de la cooperativa”. Poseen, asimismo, otra dos naves: una donde fomentan la cría de 2 270 aves y otra de carneros, con 24 reproductoras y 22 crías.

También la comunidad se beneficia especialmente “porque tenemos que atender, en nuestro radio de acción, 345 habitantes de los asentamientos asignados para las 30 libras per cápita, como parte del Plan de Autoabastecimiento Municipal (PAM). La cooperativa, desde enero hasta la fecha, tiene un promedio de 60 libras por persona, volumen que incluye viandas, vegetales, hortalizas y granos, de modo que se satisface la demanda captada en estos productos agrícolas”, añade.

La asignatura pendiente en el PAM apunta a los cinco kilogramos de carne que, aun cuando se han comercializado determinados volúmenes, con sinceridad dice que este año no piensa que se le pueda ofrecer cobertura a los kilogramos fijados per cápita. Ahora, comenta, se está garantizando el autoconsumo familiar de los cooperativistas y en el comedor de los trabajadores. Para el primer trimestre de 2022, ya se proyecta una mejoría que deberá impactar con mayores ventas de carne a la población.

El objeto social de la cooperativa son los cultivos varios, resultando la que más papa planta en Alquízar, con un promedio de 84 hectáreas dedicadas a este cultivo, pero también es fuerte en el plátano (con 50 hectáreas en producción), en el boniato y en las hortalizas, sobre todo en la calabaza.

Está igualmente identificada como unidad líder en la obtención de semillas y es productora de frijol, garbanzo, soya y maíz. Rubro este último del que aportan aproximadamente 100 toneladas de la variedad Diamante para semillas de muy buena calidad, dirigida a incrementar las áreas de siembra en todo el país. Y a esa nomenclatura productiva, le incorporan otros renglones como frutales: guayaba, aguacate, mango…

El 90% de todo lo que en esa cooperativa se produce  —acota— se expende al Estado. Y ello en aras de “que estos alimentos lleguen (sin mayores distorsiones, en atrasos y precios alterados) a la población, tanto en la provincia como en la capital, siendo esta última el principal destino” de sus cosechas.

Son esos algunos de los logros y buenos números que ostenta este colectivo. Sin embargo, hay impactos que no caben en cifras y se resisten a ser cuantificados como una estadística más.

De ese impacto otro, visible fuera de las hectáreas donde se labra el sueño, dan fe las comunidades vecinas. No solo aquí en Alquízar, sino en todo el mapa agropecuario de Cuba.

“La cooperativa es el corazón de la comunidad”, resume con la sapiencia de buen guajiro. “No hay una cooperativa que usted visite en el país, hasta en los lugares más intrincados, donde no represente ahí a la comunidad en las farmacias, en las bodegas, en las familias, círculos infantiles, hogar de ancianos y maternos”.

Volviendo a la cooperativa que encabeza, ese impacto se descubre enseguida: va más allá de los lugares que ayudan a reparar, de la totalidad de acueductos que mantienen en el municipio, la generación de empleos y los aseguramientos productivos con que respaldan a los asentamientos. En esta unidad, de veras se vierte el desarrollo propio, fronteras afuera del área que ocupa.

Cuando se le habla de la familia que allí se ha creado y se le pide retratarla desde las memorias, él no logra disimular las emociones: “Hoy por hoy, nuestra cooperativa es una insignia dentro del municipio”. Y luego lo vence probablemente la modestia y deja que todo el peso de un proyecto se resuma en esa esa expresión. Lo cierto es que, lo de referencia nacional, hace que esas palabras dejen hablar desde la fuerza del ejemplo.

Enamorar de la tierra a los más jóvenes

¿Cómo hacer más atractiva la agricultura para los jóvenes en comunidades rurales —con una tradición agropecuaria y una alta responsabilidad en la alimentación— donde otros sectores se hacen más lucrativos?  A esa pregunta de Cubadebate, le contesta Fernando con los buenos frutos de una estrategia que habla mucho de la importancia que le dan al tema en esa CPA.

“En el último año, lejos de un éxodo de cooperativistas hemos tenido un incremento de socios, sobre todo de fuerza joven”, comparte. “Hoy tenemos dentro la fuerza laboral alrededor de 50 jóvenes. Es una fuerza importante y, además, están dispersos por todas las brigadas, con el objetivo de garantizar el futuro de la cooperativa sin que se conviertan en fuerza perdida dentro del colectivo”.

Otro de los temas de los que están urgidos nuestros campos es el de la aplicación de la ciencia y la técnica, las buenas prácticas de agricultura sostenible —como la agroecología— y la voluntad de generalizar los resultados de investigaciones que, a veces, lamentablemente no logran hacerle parir quintales a nuestra agricultura porque no pueden ser aplicadas. Sin embargo, ese no es asunto que preocupa en la Cuba-México y sí uno que ocupa a diario, con el acompañamiento de varios institutos de investigaciones afines.

“Estas actividades las hemos acogido con mucho entusiasmo para que todas las brigadas, y todos los ingenieros y técnicos que tenemos, trabajen en función de eso. Alquízar es un municipio netamente agrícola, tiene un politécnico de la agricultura que está prácticamente a dos kilómetros del centro, y la cooperativa quiere despertar el interés de la juventud alquizareña” para enamorarla de este oficio.

Abanderada de la ciencia y la técnica, la CPA cultiva una agricultura de vanguardia y de referencia en Cuba. Sistematiza el trabajo de los institutos que la asesoran en su quehacer productivo y trata de llevar al campo cuanto conocimiento se aporte. Y es que la ciencia sí se traduce en quintales y en calidad al final de la cosecha: es el par de manos extras y los ojos de futuro que agradece la economía.

“La vida real, actual, nos ha obligado a fomentar la agroecología, la ciencia y técnica. Al no haber paquete tecnológico, lo único que va a hacer que haya más producción es eso”: combinar esta dupla de éxito. 

“Contamos aquí con doce aulas anexas, varias de ellas son aulas-taller: de sanidad vegetal, medicina veterinaria, investigación de los abonos orgánicos, entre otras especialidades. Hay alumnos del IPA que se han preparado en la cooperativa en estas aulas en los perfiles afines a esas labores. También tenemos cuatro círculos de interés en la escuela Forjadores del futuro y allí, desde edades más tempranas, estamos inculcando a los niños el interés por la agricultura”.

Las clases impartidas por los técnicos en esa escuela primaria son alternadas, en período lectivos normales, con visitas a la cooperativa para que, en la práctica, puedan visualizar lo recibido en círculos de interés. Así de sólida ha sido “esa alianza, de aquí para atrás, y así lo será de aquí hacia adelante”.

“La ANAP que queremos, la ANAP que nos representa y la ANAP que nos va a llevar a cumplir 60 años más”

Solos llegamos más rápido, pero juntos llegamos más lejos. Así sintetiza una máxima la contundencia de cualquier viaje. Por eso quisimos que fuera Fernando quien fotografiara, al final del camino en el campo y el camino simbólico de estas seis décadas que hoy cumple la ANAP, el acompañamiento de esta organización campesina, las fortalezas de esa alianza y los retos que le perfilan nuevos senderos.

“No concebimos una cooperativa o un campesino, sin tener en cuenta a la ANAP. Ha jugado un papel importante, desde que fuera creada en los primeros años de la Revolución hasta la fecha. Es la organización que representa a todos los campesinos cubanos y ha cumplido varias funciones desde su creación. Hasta hace algunos años ejercía las dos funciones: administrativa y política. Después se concentró en la segunda”, observa.

“Ahora ha seguido su función como organización política, pero a la ANAP nada le ha sido ajeno de lo que pasa en la tierra, en las casas de los campesinos, en la vida de las cooperativas. Y esto ha significado un trabajo fuerteDesde darle seguimiento a las relaciones contractuales, el apoyo de los institutos, los espacios de crecimiento y desarrollo… “Creo que si podemos hablar de llegar hoy al 60 aniversario con todos los logros que tenemos en la parte campesina —más allá de las dificultades y los obstáculos—, es también por la ANAP”, pondera.

“No es secreto que el sector cooperativo y campesino logra el 80% o más de lo que se produce en Cuba, y en algunos renglones el 100 %. Esa fortaleza es también por tener a la ANAP: la ANAP que queremos, la ANAP que nos representa y la ANAP que nos va a llevar a cumplir 60 años más… Eso es lo que nos da, además, la fortaleza de decir hoy que es una asociación de gigantes y no de pequeños agricultores”.

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